EL NIÑO CRÓNICO EN LA UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS PEDIÁTRICOS
Espino Sánchez, J.R
Batista Arteaga, A.
Cascón Gresa, JM.
García Curto, A.
Mañogil González, G.
Sánchez Galeote, M.
HOSPITAL UNIVERSITARIO MATERNO INFANTIL
UNIDAD DE MEDICINA INTENSIVA PEDIÁTRICA
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
A. INTRODUCCIÓN. DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS.
Uno de los cambios de tendencia más notables que está sufriendo la patología pediátrica en estas últimas décadas es el incremento de la atención al niño crónico. La mejoría de las condiciones de vida ha propiciado que junto a la disminución de algunas patologías agudas, vayan ganando importancia otro tipo de procesos. Los avances terapéuticos que han mejorado el pronóstico vital de enfermedades muy graves tienen como contrapartida la supervivencia en condiciones de salud no ideales. Desde todas las áreas de pediatría se nos podría recordar algunos de las casos más acuciantes: supervivientes de cuidados intensivos neonatales, niños en programas de hemodiálisis, trasplantes de diferentes órganos, mucoviscidosis, cardiópatas..., por no entrar en amplios campos de la neurología, de la reumatología o de la patología prenatal: malformaciones congénitas, cromosomopatías y errores innatos del metabolismo.
El niño crónicamente enfermo podría definirse como aquel que tiene una incapacidad permanente o residual, una alteración patológica irreversible o necesita un largo periodo de observación, supervisión, cuidados y/o rehabilitación.
Entre las características comunes de niños con enfermedades crónicas tenemos:
En este tipo de niños hay que considerar dos aspectos: el individual (invalidante) y el colectivo o social, compuesto por la adaptación del niño a su entorno y por las respuestas de éste a cada situación individual en sí. Así, en niños crónicos podemos tener tres tipos de alteraciones:
En enfermería debe ser un objetivo prioritario cuidar de forma íntegra e individual al niño enfermo. Para ello, la enfermera ha de ser capaz de valorar la necesidad o necesidades que están alteradas y prestar los cuidados requeridos, ya sea mediante información, la ayuda o la suplencia en aquellas actividades que el niño no puede desarrollar por sí solo, teniendo en cuenta las variables individuales que existan en cada situación. El objetivo final de los cuidados de enfermería es mantener o recuperar el estado de bienestar del niño enfermo. Por lo tanto, hablaremos de necesidades básicas, específicas derivadas de la propia patología o los procesos agudos que se vayan relacionando con su propia enfermedad, sin olvidarnos de las necesidades psicológicas.
B.1. Necesidades Básicas.
Nutrición e Hidratación.
La nutrición es una de las necesidades fundamentales del ser humano, ya que influye de forma decisiva sobre su salud. Interviene tanto en la calidad de vida como en la prevención y tratamiento de las enfermedades. Para que el estado nutricional sea adecuado es esencial la integridad anatómica y funcional del aparato y glándulas digestivas y también es imprescindible una elección de alimentos que se adapten a las necesidades energéticas y nutritivas de cada individuo, aproximando al máximo la alimentación a las preferencias individuales.
Eliminación.
La eliminación de los productos de desecho que se forman tras el metabolismo de los alimentos se realiza a través de la piel y pulmones, en pequeña cantidad, y del tubo digestivo y riñones, en mayor cantidad.
Hay que tener en cuenta las alteraciones en los patrones de eliminación pues tienen repercusiones graves sobre todo el organismo, pudiendo afectar al equilibrio de líquidos y electrolitos.
La enfermera debe ser capaz de prevenir y detectar las alteraciones que interfieren en la eliminación de productos de deshecho y prestar los cuidados necesarios para satisfacer esta necesidad, teniendo en cuenta los factores biológicos, emocionales y socioculturales.
Higiene.
La higiene es el conjunto de medidas más idóneas que toma el individuo para mantener y promover su salud.
El efecto del baño sobre la salud abarca tanto el campo fisiológico como psicológico, puesto que provoca en el niño una sensación de bienestar y comodidad que favorece en gran medida la seguridad en sí mismo, la autoestima y el desarrollo social.
La importancia de mantener la piel íntegra y limpia reside en que constituye la primera línea de defensa del organismo contra las infecciones y lesiones. El buen estado de la piel depende en alto grado de la adecuada nutrición, la correcta ingesta de líquidos y la realización de ejercicio. La piel del niño es especialmente sensible y poco resistente a infecciones y lesiones, actuando como foco infeccioso cuando en ella colonizan gérmenes.
Descanso y sueño.
El sueño es una parte esencial de la vida del individuo. El reposo es sinónimo de descanso y relajación, e implica la liberación de la tensión emocional entre las distintas partes del sistema nervioso central y la mejoría de las condiciones psíquicas, así como físicas, del individuo.
El descanso y sueño del niño hospitalizado se altera tanto de forma cuantitativa como cualitativa. El niño duerme mal y menos horas en el hospital, y parte de ello depende de las actividades desarrolladas por el personal, por lo tanto:
Comunicación.
El ser humano necesita comunicarse para sobrevivir. La comunicación es un proceso complejo. Es un proceso dinámico para la existencia, el crecimiento, el cambio y conducta del individuo. Es el medio por el que se lleva a cabo la integración social y aprendizaje.
Toda la información que recibimos del medio ambiente se percibe a través de los sentidos. El niño solo llega a servirse de ellos con mayor eficacia y significado mediante el desarrollo ulterior del sistema nervioso. Los ojos son los órganos más activos de la comunicación, pues son importantes en el envío y recepción de mensajes. La piel constituye una fuente de información de primer orden en las experiencias placenteras del niño. Los estímulos sensoriales son necesarios para favorecer el desarrollo y crecimiento intelectual, hecho de vital importancia cuando el niño está hospitalizado y separado de sus padres.
La enfermera ayudará al niño a mejorar su percepción del mundo y de las circunstancias que le rodean, pero también le ayuda a mejorar sus relaciones con la familia, a establecer una comunicación y relación adecuada con el equipo sanitario, así como a mantener unas relaciones lo más armoniosas posibles con su entorno general.
Seguridad.
Cuando hablamos de seguridad significa que el niño se siente confiado y con garantía de su protección física, así como su protección emocional. La seguridad y protección al medio es uno de los componentes más importantes de los cuidados de enfermería.
Así pues, la necesidad de seguridad incluye:
Recreo y aprendizaje.
El recreo se define como actividad placentera, opuesta al trabajo y tiene su fin en sí misma. Su condición es universal.
El juego tiene un valor práctico en la educación del niño. Actualmente se considera el instrumento de aprendizaje idóneo que favorece el despertar de la inteligencia y promueve su desarrollo físico. A medida que aumenta la capacidad del niño para desplazarse, comunicarse y comprender los símbolos, se incrementa también el tiempo que emplea en jugar. El juego es evidentemente un producto natural de los procesos de desarrollo físico y cognitivo. Para el niño supone un verdadero trabajo, una ocupación por medio del que recibe experiencias y aprende nuevas formas de expresión.
En cuanto al aprendizaje, es importante que el niño adquiera los conocimientos necesarios para poder mantener unas relaciones aceptables dentro del contexto en donde se desarrolla su vida, apoyando con esto su proceso de socialización, tanto en la familia, escuela y amigos. Si el niño obtiene unas buenas habilidades sociales, va a tener como resultado mayor felicidad y menos problemas con los demás.
B.2. Necesidades Específicas.
Prevención de úlceras por presión.
Los pacientes crónicos presentan un alto riesgo de padecer úlceras por presión. La aparición de una úlcera suele agravar el pronóstico del enfermo, aumentan riesgos de posibles infecciones y complicaciones metabólicas, y en definitiva prolongan la estancia en el hospital, provocan una sobrecarga de trabajo y, además, originan notables costes económicos.
Las úlceras por presión son consecuencia del aplastamiento de los tejidos entre dos planos duros, uno perteneciente al enfermo (hueso) y otro externo a él (camas, sillas, sillón...). Pueden presentar varios estadíos comprendidos entre el I y el IV, dependiendo del grado de evolución.
Son factores contribuyentes:
Actividades de Enfermería.
La prevención es el principal objetivo que debe tener el profesional de enfermería. Esta es posible mediante la identificación de los pacientes de alto riesgo y mediante la instauración de medidas apropiadas.
Los puntales básicos en que se sostienen las actividades de enfermería para la prevención de las úlceras por presión se pueden resumir en 3 puntos:
Otros medios de prevención:
Prevención de Infecciones.
La infección nosocomial o infección hospitalaria es aquella que aparece cuando el enfermo está hospitalizado y que no existía, ni tan siquiera en periodo de incubación cuando el paciente ingresó.
Los pacientes con mayor riesgo de padecer una infección nosocomial son aquellos que tienen disminuidas sus defensas o presentan una enfermedad crónica que les obliga a permanecer más tiempo ingresados. Dentro de un mismo hospital hay servicios que se consideran de alto riesgo, como las unidades de cuidados intensivos, ya que la gravedad del estado del paciente es un factor de riesgo y además en estos servicios se practican con mayor frecuencia procedimientos invasivos: catéteres intravenosos, nutrición parenteral, sondajes, ventilación mecánica, etc.
Actividades de Enfermería.
Algunas de las medidas generales para prevenir y controlar la infección son las siguientes:
Prevención y/o mantenimiento de la vía aérea.
La acumulación de secreciones en pacientes que no pueden expectorar favorece la aparición de atelectasias e infecciones pulmonares.
Actividades de Enfermería.
Las técnicas más indicadas para movilizar y eliminar secreciones son:
Algunas de las técnicas para reeducar y ejercitar los músculos respiratorios son:
En los pacientes traqueostomizados se tendrá en cuenta los siguientes puntos:
B.3. Necesidades Psicológicas.
Las necesidades psicológicas del niño son:
Cada familia tiene ideas, creencias, mitos, tradiciones, provenientes de su pasado y su etiología social respecto a la enfermedad y a la muerte, las cuales conforman sus actitudes con relación a la enfermedad, tanto grave como moderada pero prolongada.
Las actitudes o reacciones pueden ser variadas, pero en general, los padres suelen encontrarse en un estado de ansiedad y aturdimiento cuando su niño ingresa en la UCIP, y les es difícil comprender la situación. Están angustiados por el bienestar de su hijo y se sienten imposibilitados para proporcionarle el cuidado necesario.
Necesidad de información.
Los padres deben saber lo que le está pasando al niño. Es importante que sepan quien es el responsable de la atención de su hijo. Esta persona deberá informar tanto como sea necesario sobre los cambios de estado o tratamiento y todo el personal de la Unidad dará la misma información, de lo contrario pueden pensar que se les engaña o se les oculta información, con la consiguiente pérdida de confianza. Así mismo es importante que los padres pregunten y expresen sus temores, dudas y sentimientos.
Necesidad de mantenimiento de la unidad familiar.
La enfermedad crónica de un niño puede debilitar o fortalecer las relaciones de la familia. Existe un potencial para que la enfermedad crónica del niño origine tensiones y enfermedades en otros miembros de la familia. Las madres, si son cuidadoras primarias, pueden no sentirse capaces de cubrir las demandas de afecto del resto de la familia, mientras se dedican al cuidado de su hijo enfermo.
Los problemas emocionales y financieros pueden aumentar debido al costo de la asistencia del niño enfermo y producirse, por último, la ruptura familiar.
Necesidad de apoyo psicológico profesional.
Sería deseable que en las UCIP los familiares pudieran contar con el apoyo de profesionales como psicólogos, psiquiatras, etc, capaces de dar una atención personalizada de acuerdo a las necesidades de cada familia para sobrellevar las situaciones y conflictos derivados de la enfermedad de sus hijos.
Así mismo, dependiendo de sus creencias, proporcionarles apoyo religioso, etc.
No obstante, en la realidad es el personal de enfermería el encargado de suplir estas funciones ante la ausencia de estos profesionales.
Participación familiar en el cuidado del niño.
Es conveniente animar todo lo posible a los padres a que participen en el cuidado del niño y definirles su papel, que en definitiva sería una prolongación del que llevan a cabo en su casa, proporcionar consuelo, calor, alimento y reposo. El acariciarlos, sostenerlos, arrullarlos, bañarlos, alimentarlos, comunicarse con ellos, leerles cuentos, infundirles confianza. Estos cuidados los proporcionan mejor las personas importantes en la vida del niño. Esta participación no sólo es ventajosa para él, sino también para los padres, les da sensación de ser útiles y necesarios en los cuidados del niño a la vez que les ayuda a desahogar sus sentimientos.
Debe aclarárseles la diferencia entre el cuidado proporcionado por los padres y los procedimientos médicos o de enfermería que recibe el niño. No debe esperarse ni permitirse que los padres realicen procedimientos médicos o de enfermería salvo determinadas excepciones en las que se prevee el alta domiciliaria y en las que el paciente seguirá precisando cuidados tales, como aspiración de secreciones, colocar sondas nasogástricas, cambios de cánula de traqueostomía, etc.
CONCLUSIONES.
También deberían revisarse los conocimientos y habilidades de estos profesionales en técnicas de relación de ayuda, como comunicación, consejo, etc... , y si existieran deficiencias tratar de reforzar sus conocimientos en las mismas.
Las reuniones del personal y comentarios, los programas internos del servicio y las conferencias multidisciplinarias han proporcionado oportunidades para ayuda mutua de todo el personal de la salud relacionado con la atención al niño.
BIBLIOGRAFÍA